El tiempo que se detuvo

Los segundos ya no se marcan como segundos, sino como infinidades accidentales. Sus ojos siguen siendo los mismos de hace unas horas a pesar de verse ahora tan cambiados, más profundos que de costumbre, más negros que miel. Dos hoyos negros, un par de abismos cósmicos que encierran más de lo que a simple vista se percibe. Sus ojos no tienen edad ni memoria. Sus ojos son miméticos y ahora toman el aspecto del universo. El tiempo se detiene y ya toda presencia es inútil, menos la suya en esta habitación envuelta en nubes de cigarrillo y luz tenue.

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